La abeja es considerada una criatura celestial, traída a la tierra por el Árbol de la Vida. Desde su aparición al principio del mundo, cuando, según los antiguos cantos, extrajo la “cera sagrada” de las aguas primordiales, la abeja comenzó a ser considerada “la mosca de Dios”, su sierva, pues cumple sus instrucciones y recolecta alimento para los dioses.

La miel y la cera se recolectan de las flores, de donde, según antiguas creencias, nacen los niños, quienes luego vienen al mundo de Dios. Este alimento divino para las almas y los espíritus, bondadoso y compasivo con los seres humanos, también alimenta las almas de los padres y los ancestros. Dado que la “cera” de la abeja se utiliza para fabricar velas, cuyo fuego sagrado posee un poder milagroso, la cera comenzó a considerarse el mayor sacrificio al cielo. Una vela encendida es parte del sol y, por lo tanto, se convirtió en símbolo del dios de la cosecha, Спас – el Salvador. Por eso, la miel y la cera de abeja, como primera creación del mundo, se ofrecen en la Santa Cena. Arrojar la primera cucharada de kutia al techo tiene un significado ritual asociado a la apicultura: «para que las abejas enjambren» y «para que los enjambres se asienten». Además las abejas, con su incomparable sistema económico y social, junto con la reina, la matriarca del enjambre, representan una gran familia, lo cual guarda una maravillosa analogía con la sagrada reunión familiar de toda la tribu oriana en la Nochebuena.
El dueño debe saludar a las abejas en la Navidad del joven sol Bozhich, en el Año Nuevo de la Luna; con la «Trinidad» en la Epifanía y en otras grandes festividades. La «Trinidad» consiste en tres gruesas velas de cera decoradas con flores; según las creencias de nuestros antepasados, simboliza el Sol (Cielo), la Tierra (Madre) y la Reina (Agua). Ninguna festividad está completa sin velas de cera. Se entierra una vela de cera durante una gran tormenta, se enciende durante el parto para que la mujer dé a luz rápidamente y con el mínimo dolor, se encienden velas en las épocas de abundancia y escasez, durante el bautizo de los niños; su fuego es símbolo de fertilidad, por lo que se encienden en las bodas; al difunto se le entierra con una vela, pues solo una vela encendida ilumina el camino al más allá. Por ello, toda abuela, incluso la más pobre, procuraba durante su vida conseguir un trozo de cera para que, al morir, ardieran velas. Se elaboraban con cera diversos ungüentos y remedios; también se “escriben” los huevos de Pascua con cera. (Leer sobre los Pysanky)
Los abuelos apicultores sentían un cariño especial por las abejas. En la antigüedad solo los ancianos, de entre 60 y 100 años, eran apicultores. Estos abuelos eran muy respetados en cada aldea. No en vano dice el proverbio: «La abeja es la mosca de Dios, y el apicultor es el siervo de Dios», y el trabajo de los recolectores de miel es considerado una labor divina. Los apicultores creían que las moscas de Dios intercederían por ellos pidiendo al Creador perdón por sus pecados.
Los abuelos apicultores visitaban las colmenas en todos los días importantes y solemnes de verano e invierno. Creían que las moscas de Dios los comprendían y obedecían. Conocían a la perfección todos los hábitos de las abejas: sabían qué olores y colores les gustaban y cuáles les disgustaban; sabían que las abejas no picaban a las personas tranquilas; sabían que no les gustaban los gritos, los movimientos bruscos, y sobre todo que la gente se les acercara con ropa desaliñada o peluda. Desde aquellos tiempos antiguos surgió el proverbio sobre el trabajador afanado, «Quien trabaja como una abeja»; y de los perezosos, los apicultores solían decir «Es un zángano, no le importa nada».
En promedio una colonia de abejas consta de varios miles de ellas. La colonia tiene una reina y alrededor de cien zánganos. Los zánganos son abejas macho cuya función es fertilizar a las reinas infértiles. Todas las demás abejas son obreras. El enjambre no sobreviviría mucho tiempo sin una reina y zánganos, por lo que a los “miembros de la familia real” se les presta especial atención.

En la antigüedad las abejas silvestres construían sus nidos en huecos de árboles, cuevas y grietas de rocas. Una colmena en el hueco de un árbol, cerca de la raíz, se llamaba борть – bort, y la apicultura se conocía antiguamente como bortnystvo – бортництво. Con el tiempo la gente comenzó a colocar borts cortados de árboles en el suelo, más cerca de las granjas, y los llamaban вулики – colmenas, o дуплянки – duplyanka, o колоди – troncos. Con la domesticación de las abejas, los troncos verticales y horizontales se fueron perfeccionando y equipando con marcos. Era imposible obtener miel de alta calidad en colmenas no desmontables; y cuando se ahumaba la miel y se extraía de troncos pesados, se destruía una parte importante de la colonia de abejas, y con ella el nido del enjambre. Con la mejora de las colmenas, se empezó a recolectar miel de alta calidad.
Se cree que la picadura de abeja tiene propiedades curativas para algunas enfermedades y dolencias. Los pacientes con reumatismo, por ejemplo, se sentían mucho mejor después de una picadura de abeja. Desde la antigüedad los antepasados de los ucranianos han utilizado la miel como un medio eficaz para recuperar fuerzas, vigorizar y curar resfriados. Se usaba para tratar enfermedades infantiles como el sarampión, la tos y los resfriados. También se preparaban bebidas fuertes con miel, que se consumían en fiestas, bodas y celebraciones. El viajero Ibn Rusta, que visitó la región de Oria en el siglo IX, escribió que los habitantes de Dazhbozhi recogían 20 tazas de miel al año para los difuntos, las llevaban a la tumba y las bebían en familia.
La fiesta más importante para los apicultores era el día de Zosima del Apicultor, el 17 de abril, e incluso antes, el 17 de marzo, día de Alexiy el Cálido, aunque en esa fecha el clima no siempre era favorable. En esta gran y alegre festividad los apicultores instalaban colmenas en el apiario, rezaban por los enjambres y pedían a las abejas que volaran al mar y trajeran las doradas llaves del tan ansiado verano.
La primera cosecha de miel tiene lugar el Малого Спаса – Día del Pequeño Salvador (1 de agosto). En este día se come miel por primera vez acompañada de tortas de semillas de amapola. El Día Великого Спаса – Gran Salvador (6 de agosto), se realiza una segunda cosecha, se consagra la miel y se come con manzanas y peras.
San Zosima y San Sabas cuidan de las abejas. A partir del 19 de septiembre los apicultores preparaban sus colmenas para el invierno durante una semana, y el 27 de septiembre, Día de los Apicultores, las llevaban a los oshmaniki, ya que pronto llegaría el 1 de octubre, otra gran festividad de la Madre Tierra, cuando la tierra comienza a cubrirse de hojas caídas y entra en reposo hasta la primavera. La Madre Tierra entonces pregunta:
«Покровонько, Покровонько, покрий мені головоньку, покрий в’ялим листочком, покрий в’ялою квіткою, білою наміткою. Покрий, покрий нивоньку, щоб не боліла їй спинонька, ні спина, ні голова, щоб на весну здорова була. Покрова снігом сипле. Пороша — покрова землі…» – “Pokrovonka, Pokrovonka, cúbreme la cabeza, cúbrela con una hoja marchita, cúbrela con una flor marchita, con un hilo blanco. Cubre, cubre a la pequeña para que no le duela la espalda, ni la espalda ni la cabeza, para que esté sana en la primavera. La cubierta está cayendo con nieve. El polvo es la cubierta de la tierra…”.

Y así las abejas descansarán hasta la primavera, con los primeros rayos del sol, el anciano apicultor, antes del amanecer, vestido limpiamente, enciende la Trinidad de este año, y tomando agua bendita, rocía un poco en el camino hasta la colmena misma. La colmena se establece en un agujero seco, oscuro, limpio y bastante espacioso donde las colmenas se colocan en otoño.
Debe contener agua bendita, una flor de espiguillas (para rociar), la santidad de la Anunciación, la Epifanía y otras. Al acercarse a la cabaña del apicultor, el anciano apicultor se arrodilla y recita una oración:
«Добрий день тобі, царице—матко! Хай буде тобі щаслива весна, щасливе літо! Час тобі господарити, лад давати Божим мухам. Святий Теплий Олексій, чоловік Божий, благослови мої і чужі Божі мухи, і ви, родителі—прародителі наші, наставте на пожиток і на добро наші й Божі мухи: щоб добре роїлися, щоб рої сідали низько й давалися нам до рук, щоб добрий пожиток принесли й нам, і прародителям нашим і Богові, щоб чужі бджоли не нападали; щоб лихі люди зла не наворожили… Царице—матко, будь здорова, наставляй своїх мух на працю!» – «¡Que tengas un buen día, reina madre! ¡Que tengas una feliz primavera, un feliz verano! Es hora de que te encargues de las moscas de Dios. San Alejandro, hombre de Dios, bendice mis moscas y las de los demás, y a ti, nuestros padres y antepasados, instruye a nuestras moscas y a las de Dios para que sean beneficiosas y buenas: para que enjambren bien, para que los enjambres se mantengan secos y se entreguen a nuestras manos, para que nos traigan una buena cosecha a nosotros, nuestros antepasados y a Dios, para que las abejas de otros no ataquen; para que los malvados no lancen hechizos malignos… ¡Reina madre, que tengas salud, instruye a tus moscas para que trabajen!».
Esto sucede el día en que San Alejandro trae el invierno. Los ancestros de los apicultores decían que «Божі мухи також тоді уранці моляться богу!» – «¡las moscas de Dios también rezan a Dios por la mañana!».
Fuente Proridne
Войтович Валерій Миколайович Міфи та легенди давньої України. — Тернопіль: Навчальна книга — Богдан. 2005. — 392 с.
